Tercero de la ESO fue un año en el que no cambiaron muchas cosas, pero las cosas seguían su curso: las clases seguían siendo un suplicio, el taekwondo cada día ocupaba un poco mas de mi tiempo, yo seguía con unos amigos con los que no terminaba de sentirme a gusto, seguía yendo a la academia de inglés y las agujas del reloj seguían moviéndose hacia la derecha.

Hare un pequeño salto hacia atrás porque, creo que me toca hablar de la persona que hasta a día de hoy considero que ha sido la más importante de toda mi vida.

La conocí cuando yo estaba en segundo de la ESO, en taekwondo. Recuerdo que un día el profesor nos dijo que había 2 alumnas nuevas, que venían de otro gimnasio y que a partir de ahora vendrían a nuestra clase y nos pidió que hiciéramos que se sintieran cómodas. Aparecieron una chica rubia con la piel muy clara y los ojos azules y otra muy morena de piel, castaña y ojos marrones. Al principio incluso nos costaba creer que aquellas dos chicas de nuestra edad fueran hermanas. La rubia se llamaba Leire y la morena Nora.

Al principio nadie se acercaba mucho a ellas pero poco a poco se fueron integrando hasta que llegaron a ser buenas amigas de casi todos nosotros. Yo empecé a tener un poco mas de relación con Nora y empezamos a hablar fuera de las horas de taekwondo. Nora era una chica con la que podías coger confianzas muy rápidamente. Una de estas personas con las que te sientes realmente a gusto hablando. Era de mi edad, y había oído que al igual que yo, sacaba también muy buenas notas. Teníamos muchas cosas en común.

No tardamos en hacernos muy amigos. Jamás hasta entonces había llevado una amistad hasta el punto en el que la lleve con Nora. Hablar con ella había pasado de ser una costumbre a casi una adicción. Solo dios sabe las horas que pudimos pasar hablando por el MSN sobre cotilleos, chorradas y los sentimientos de los que nos rodeaban. Además, nos servíamos de apoyo mutuo para soportar las impresionantes broncas que teníamos que soportar día sí y día también en taekwondo. Yo ya estaba bastante acostumbrado a ello, pero Nora era más o menos nueva en el gimnasio y no lo llevaba tan bien como yo. Además, he de decir que seguramente Nora sea la única persona a la que nuestro profesor de taekwondo torturaba más que a mí de todo el gimnasio.

Me convertí en su psicólogo personal y ella en el mío. No había secretos entre nosotros y tampoco había problemas. Las innumerables horas que teníamos que pasar juntos entrenando ayudaron también a que nuestra relación siempre fuera a más. Ella se apunto a las 3 modalidades del taekwondo, al igual que yo, asique coincidíamos a todas horas y en todos los campeonatos.

En uno de esos campeonatos, concretamente el 2º campeonato de España de combate al que fui, pase bastante tiempo con otra chica del gimnasio: Nahiara. Ella era dos años mayor que yo y normalmente no hablábamos demasiado en el gimnasio. Pero en aquel campeonato cambie la impresión que tenia acerca de ella. Se mostro mas cariñosa conmigo de lo normal y yo, novato como el que mas en estos asuntos por aquellas fechas, me empecé a obsesionar un poco con ella. A todo esto hay que añadir que ella tenía novio. Lo cual hacia aun mas imposible lo que ya de por si había empezado con ninguna posibilidad de terminar bien.

En este tipo de situaciones, normalmente sueles necesitar a alguien que te escuche como te sientes. Depende mucho de cada persona pero yo suelo necesitar desahogarme con alguien y si es posible, que esa persona me dé su opinión sobre el asunto. En mi obsesión con Nahiara, mi psicóloga personal fue Nora. Era ella quien se tenía que tragar todas mis penas y la que me animaba diciéndome que igual algún día tendría una oportunidad con ella. Mirando atrás en el tiempo es ahora cuando me doy cuenta de la cantidad de veces que se habrá tragado las ganas de decirme que me olvidara de ella de una vez, que fui un estúpido y un caprichoso al obsesionarme de aquella manera con alguien a quien prácticamente ni conocía en realidad.

Al final Nora consiguió que yo olvidara a Nahiara. En realidad lo que paso es que me empecé a dar cuenta de que Nora merecía mucho más la pena que Nahiara y por lo tanto, empecé a sustituir el cariño que yo reclamaba de Nahiara por el que Nora me ofrecía.

Desde el momento en que Nora entro por aquella puerta del gimnasio el primer día que la vi, pensé que era una de las chicas más guapas que había visto en mi vida. Pero jamás me había planteado nada fuera de una amistad con ella. Incluso cuando empecé a conocerla más a fondo y se hizo mi mejor amiga, solo la veía como eso, como mi mejor amiga. No sé muy bien cuando cambio algo en mí para empezar a fijarme en ella como mi posible media naranja. Solo sé que llego un día en el que me di cuenta de que Nahiara se había quedado atrás y que no podía dejar de pensar en Nora. Al principio pensé que había salido de una para entrar en otra peor. Lo volvería a pasar mal por una chica y me tocaría olvidarla. Además, aquello seguramente implicaría perder toda la relación que tenia con ella en aquel momento, y eso era algo que no me podía permitir. Debía controlar más mis sentimientos si no quería que todo se fuera a pique.

Estábamos en Mayo del 2004, yo estaba en 2º de la ESO y completamente enamorado de Nora. El hablar con ella 4 horas diarias no ayudaba para nada a que me olvidara de ella. Yo no sabía cuáles eran sus sentimientos hacia mí pero tampoco quería hacer preguntas, porque me daba miedo oír las respuestas. No quería sentirme rechazado y prefería seguir teniendo una relación con la que podría pasar tantas horas hablando con ella a arriesgarme a confesarle mis sentimientos y asustarla. Lo cual haría que dejáramos de hablar de golpe. Eso podría haberme destrozado por dentro ya que mi vida se basaba en ella prácticamente.

Llego la época de los exámenes de Junio, no era una época fácil, había menos tiempo libre y siempre había algún examen que salía mal y te hacia irte con una profunda decepción a tu casa. De todos modos, yo nunca recordare aquel mes de Junio por los exámenes de fin de curso.

El 12 de Junio de 2004 no aguante más. Fui a taekwondo y vi a Nora allí como siempre. Las mismas bromas del profesor de siempre insinuando que entre ella y yo había algo más. Las mismas broncas de siempre y las mismas miradas de complicidad entre ella y yo. Aquello parecía un día normal, pero decidí que no lo seria.

Al salir de la clase, después de cambiarnos, le pedí a Nora el móvil. Tengo que confesar que el dia anterior ya la habia avisado de mis intenciones y le habia pedido que pensara que me contestaría en caso de que yo le preguntara si quería salir conmigo. Temblaba de arriba a abajo pero estaba convencido de que aquel era el momento. Le pedi el móvil y creo que Nora ya sabia para que lo hacia pero me lo presto sin preguntar. Tal vez fuera para repasar alguno de los mil mensajes míos que ya para entonces había guardados en su móvil, aunque seguro que ella sabia lo que iba a hacer y sabia que no era para eso. Entré en el menú de mensajes, pero no fui a la bandeja de entrada, sino a escribir un mensaje nuevo. Creo que esta fue la frase, simple, sencilla y clara: “¿Quieres salir conmigo?”. Cogí aire un par de veces y pensé en borrarlo y marcharme a casa como un día más. Pero saque el valor que creía que no tenía y le dije: Aquí tienes.

Agache la mirada porque no me atrevía a ver la cara que ponía al leerlo. Fueron 2 segundos mirando aquellas baldosas del suelo, pero me parecieron 2 lustros. No aguantaba la tensión y levante la vista poco a poco. La vi sonriendo, muy nerviosa pero no sorprendida. La mire a los ojos e inmediatamente ella bajo la mirada y escribió algo en el móvil. Después me lo tendió para que lo cogiera y leyera lo que ella había escrito. No quería hacerlo, estaba aterrorizado. Pero de pronto volvió a emerger ese valor que desconocía de donde salía y extendí la mano, cogí el móvil y fije la vista en la pantalla.

SI

No se describir con palabras como me sentí en ese momento. Decir que era la persona más feliz del mundo puede ser un clásico. Pero es verdad, lo era. Me dio tal subidón de adrenalina que no supe que decirle, solo me salió una radiante sonrisa que supongo que a ella le basto para entender mi reacción. Le devolví el móvil e inmediatamente salí corriendo hacia mi casa. Subí de 5 en 5 las 100 escaleras que había nada más salir del gimnasio y empecé a correr hacia mi casa. No sabía porque corría, pero tampoco podía dejar de hacerlo. Me sentía eufórico y mi cabeza iba a mil por hora imaginándose un futuro que rozaba lo irreal. Era el momento de hacer el cuento de la lechera. Daba igual que solo fuera un cuento si ese cuento me hacía sentir así de bien. Tenía novia por primera vez en la vida.

Nada más llegar a casa me conecte al Messenger con la esperanza de poder hablar con ella y comentar la jugada del día. Pero no pude hablar con ella hasta aquella noche. Ella estaba tan ilusionada como yo y eso hizo que estuviera aun más contento.

Nuestra relación cambio muy poco con aquel nuevo paso. Es cierto que podíamos decirnos que nos queríamos y que el tono era más cariñoso que antes. Pero la relación que teníamos antes de que yo le pidiera salir era tan intensa, que apenas se noto cuando dimos un paso más. Todo seguía siendo magnifico, tan magnífico como lo era antes de pedirle salir conmigo.

Pasaron los días y las cosas siguieron igual. Con los exámenes no podíamos hablar demasiado tiempo, porque ella estudiaba bastante por las tardes y aunque a mí me diera igual suspender todas las asignaturas con tal de poder hablar un rato mas con ella cada tarde, ella era más responsable que yo. Aquello hizo que en algún que otro momento la relación se tensara un poco más de lo debido. Yo quería pasar las 24h hablando con ella y eso no era posible. Estaba demasiado obsesionado con ella y empecé a meter la pata en más de una ocasión. El excesivo interés en ella a veces creo discusiones absurdas en las que la única consecuencia era pasarlo mal durante unos días hasta que se volvía a arreglar. La cosa estaba empezando a cambiar y ya no era todo un camino de rosas. Lo pasaba mal por ella, porque no me hacia todo el caso que yo le reclamaba. Echando un vistazo atrás, me doy cuenta de mis errores aunque en cierto modo, los veo normales teniendo en cuenta mi edad y mi inexperiencia.

Terminaron los exámenes y llegaron las vacaciones del 2004. Nora y yo todavía nunca habíamos quedado para salir juntos. Estábamos tan acostumbrados a nuestra anterior relación como amigos que se nos hacia raro quedar un día como novios. Yo nunca había besado a una chica y temía el momento en que se presentara la ocasión y tuviera que hacerlo. El día en que quedamos por primera vez, acordamos que aquello seria una tarde entre amigos, porque si no lo planteábamos así, estaríamos los dos avergonzados cada uno en una punta de un banco, sin dirigirnos prácticamente la palabra. Al plantearlo como una tarde entre amigos, aquella se convirtió en una de las mejores tardes de mi vida. Fuimos a un parque cerca del gimnasio donde hacíamos taekwondo, ya que era uno de los pocos sitios que los dos conocíamos y donde por lo tanto podíamos quedar. Dimos un paseo y estuvimos hablando en un banco durante bastante tiempo. Fue todo perfecto, cuando nos despedimos ninguno de los dos pensó en que tal vez si nos hubiéramos besado la tarde hubiera sido más redonda. No hizo falta. Ya llegaría el momento…

Poco después, llego Julio y con él los problemas. Aquel stage del que me hablo el seleccionador de España de taekwondo nada más bajarme del pódium hacia unos meses, resultaba que era una concentración de 15 días con la selección española de taekwondo en un centro de alto rendimiento en la Manga del Mar Menos (Murcia). Aquello suponía estar medio mes separado de Nora, toda una prueba de fuego.

Fui al stage con uno de los que todavía eran mis amigos de fuera del instituto, uno de aquellos con los que tarde tras tarde iba al cibercafé de las narices a malgastar mi dinero. El también había quedado campeón de España en el mismo campeonato que yo, y me vendría muy bien para hacerme compañía en Murcia. Me despedí de Nora con la promesa de que nos mandaríamos mensajes al móvil a diario y de que a la vuelta retomaríamos todo tal y como estaba.

Nunca he hecho la mili, ya que por suerte no me ha tocado. Pero estoy seguro de que aquellos 15 días en Murcia fueron lo más parecido a la mili que hare nunca. Entrenamientos corriendo por la playa a las 5 de la madrugada para evitar los 45ºC que hacían a las 12 del mediodía cuando todavía seguíamos entrenando dentro del centro. Comer comida mala y volver a entrenar hasta que anocheciera. Después, dormir en literas malas y con las típicas bromas que se gastan entre compañeros de habitación.

Para colmo, el seleccionador nacional se marcho de la concentración al tercer día, y mi profesor de taekwondo en el gimnasio de Basauri, Juan Solís, le sustituyo. Juan era el seleccionador de España absoluto y todo el mundo le tenía un increíble respeto. Me quede alucinado la primera vez que apareció por la residencia de deportistas de elite y la gente le saludaba como “Señor Solís”. La gente también alucinaba cuando yo le hablaba de tu a tu y le llamaba Juan sin que él me echara la bronca.

Poco después entendí porque la gente le tenía tanto respeto. Los tres primeros días, empezábamos a entrenar a las 10 de la mañana corriendo tranquilamente dentro de las instalaciones del centro. Nada más llegar el, visto el revuelo que había, nos castigo a estar horas y horas corriendo por la playa, haciendo abdominales, flexiones y todo tipo de actividades físicas que serian dignas de cualquier película americana del ejercito. Juan se había creado aquella fama de duro a pulso, y aunque conmigo tuviera un trato diferente, me toco sufrir en mis carnes su deber de mantener aquella fama con entrenamientos sorpresa en mitad de la noche. Fue toda una experiencia que no olvidare y que tal vez algún día me dé cuenta de que me sirvió para fortalecerme mucho.

El tiempo que tenia para mandarle mensajes a Nora era muy escaso. Solo sacaba un rato para descansar al final del día, cuando estaba en la cama metido y me echaba de menos sus miradas, sus sonrisas y las veces en las que escribíamos exactamente la misma frase hablando sobre cualquier cosa en el Messenger y después nos echábamos a reír. Al principio ella contestaba a mis mensajes, pero con el paso de los días, me empecé a dar cuenta de que cada vez era menos el interés que ponía en mantener el contacto conmigo. Eso me hacia arder de rabia. Yo me pasaba el día matándome en entrenamientos y conseguía sacar un ratito al final del día para interesarme por ella, y sin embargo ella que tenía todo el día libre no era capaz de mandarme un mensaje que me alegrara el final del día después de esos palizones.

Para colmo, un día recibí un mensaje que me decía que ella se marchaba al pueblo justo antes de que yo volviese a Basauri y que por lo tanto suponía que no nos veríamos hasta que ella volviera, aproximadamente a mediados de Agosto. Aquello iba por mal camino, y me estaba empezando a dar cuenta. La primera prueba de fuego estaba ganándole la partida a nuestra relación y me sentía impotente viendo como poco a poco se creaba distancia entre nosotros.

Pase todo el mes acordándome de ella a cada instante y pensando en si a ella le pasaría lo mismo. Sin embargo, intentaba reprimirme y no agobiarla con mensajes ni llamadas perdidas. No me gustaba esa sensación de andar todo el día detrás de ella sin recibir lo mismo de su parte.

Además, poco después me di cuenta de que mis padres tenían la intención de que nos marcháramos al pueblo la segunda quincena de Agosto. Entre unas cosas y otras, íbamos a pasarnos todo el mes de Julio y Agosto sin vernos y prácticamente sin hablar el uno con el otro. Aquello era más de lo que habíamos calculado en un principio, mucho más. Ya ni siquiera estaba seguro de que Nora sintiera algo por mí, ni de que las cosas pudieran volver a ser como antes del verano cuando nos volviéramos a ver para contarnos que tal nos había ido.

Llego el día esperado, y mis temores se hicieron realidad. Se había creado esa distancia entre nosotros que jamás había existido desde que nos conocimos. Los dos intentábamos aparentar que no pasaba nada y que todo seguía como antes, pero era prácticamente imposible. Continuamente había algún tipo de roce por el que nos molestábamos más de lo normal.

Empezó el nuevo curso y poco después, un día cualquiera que ni tan siquiera quiero recordar, recibí un sms de Nora en el móvil que me decía que nuestra relación se había acabado y que tal vez cometimos un error cuando dimos un paso más en nuestra amistad. Lo borre al instante, ni tan siquiera recuerdo exactamente lo que ponía. Fue uno de los peores días que recuerdo. Y aunque me lo veía venir desde hacia tiempo, no estaba preparado para recibir la noticia.

En aquel momento estaba estudiando 3º de la ESO. Otro curso más: más rutina, más aburrimiento y más monotonía. Mi vida realmente estaba fuera del instituto a diferencia de la de muchos de mis compañeros de clase. Para entonces ya tenía algún que otro amigo importante dentro de clase pero nadie con quien pasar un rato fuera del horario escolar ni contarle que estaba profundamente deprimido porque mi novia acababa de decirme que lo nuestro se había acabado. Mi vida social en aquellas fechas se podía resumir prácticamente a una palabra: Nora. Y para colmo, no podía acudir a ella, no todavía al menos.

Pase el mes de Septiembre y Octubre entre rifirrafes son Nora. Yo seguía completamente enamorado de ella y ella sin embargo no sabía lo que quería. Y si lo sabía, al menos a mi me confundía. De vez en cuando entre la tormenta asomaba un rayito de sol que se parecía a lo que hacía unos meses habíamos tenido. En cuanto se creaba alguna esperanza de que las cosas pudieran arreglarse, se volvía a desvanecer. Viéndolo desde fuera, estoy seguro de que estaba bastante claro que nuestra relación estaba condenada a su fin, pero mi esperanza era demasiado grande como para destruirse con unas cuantas discusiones. Estaba empeñado en hacer cualquier cosa con tal de arreglar las cosas, pero no me daba cuenta de que cada día que pasaba, ella estaba más segura de haber tomado la decisión correcta al dejarme.

Sobre mí

Sobre mí
Me llamo Asier Lorenzo y esta es mi vida. A los 14 años tuve meningitis y estuve muy cerca de morir, aquella experiencia cambió mi vida y me hizo pensar que tenía que contarla. Aquí la tienes, tan bien como soy capaz de explicártela.

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